domingo, 9 de febrero de 2014

Maldita electricidad

Aunque Buenos Aires es pionera en materia de energía eléctrica, su manejo del recurso nunca tuvo buena fama.


La noche, iluminada en Puerto Madero. El problema no reside tanto en el uso de la electricidad sino en lo mal que se la utiliza (Roberto Ruiz).
Nunca tuvimos demasiada confianza en la electricidad. Al principio, hace exactamente 160 años, cuando se hicieron los primeros ensayos de alumbrado en Buenos Aires, la gente quedó maravillada con las luces eléctricas como los indios cuándo vieron los espejitos de colores. Pero 30 años después, todavía desconfiaban de la nueva tecnología, al punto que La Plata tuvo alumbrado público eléctrico antes que Buenos Aires. El asunto es que por hache o por be, esto sigue igual: nadie confía en el suministro eléctrico.

Con la electricidad hemos desarrollado una suerte de pésimo matrimonio. La necesitamos para todo, pero la ignoramos y no la cuidamos cuándo la tenemos. Para pasar a odiarla cuando deja de atendernos.

Si viera la precaria situación actual, el dentista Juan Echepareborda estaría más apagado que lamparita en baño de bar. Nuestro pionero eléctrico realizó el primer ensayo de iluminación pública a mediados de 1854, en plena Plaza de Mayo. La gente quedó deslumbrada, pero la idea no prendió. Las autoridades desconfiaban de la nueva tecnología porque no daba garantías. Las instalaciones eléctricas no cumplían con ninguna medida de seguridad y, ante cualquier accidente, lo primero que hacían las empresas era echarle la culpa a los operarios o a las víctimas (algo que parece, es común en todas las épocas).

El experimento del vasco Echepareborda fue brillante, apenas diez años antes se había realizado el primer ensayo de alumbrado público en París. Desde entonces hasta hoy, el problema no es la luz en la calle sino la electricidad en las casas. Y peor sería si los autos, el transporte público, la calefacción y las hornallas y los hornos dependieran de la corriente, como aseguran los futurólogos sucederá en pocas décadas.

El asunto es que la maldita electricidad nos falla en los peores momentos, cuando el calor nos está matando, la noche en queremos ver esa peli tan esperada o cuando llenamos el freezer para la gran festichola. Y habrá que acostumbrarse (o tomar los recaudos). Si no podemos producir más corriente eléctrica, habrá que cuidarla.

En casa, por caso, la luz del baño grande queda siempre encendida. Vos dirás ¿Qué le hace una lamparita más o menos? Bueno, para el especialista Carlos Gho, de la Comisión Nacional de Energía Atómica, una lamparita prendida inútilmente en cada hogar de la Argentina puede producir mucho daño a todo el sistema eléctrico. Groseramente, si 9 millones de hogares argentinos dejan una lámpara de 100 watts encendida una hora, estaríamos gastando la energía que consume la ciudad de Bariloche en tres días ¡Jah!

Gho calcula que además de la luz de mi baño, hay miles de personas que dejan la luz encendida durante el día, televisores prendidos que nadie mira, aires acondicionados al máximo o funcionando con las ventanas abiertas, varios ascensores llamados al mismo tiempo y otros casos de descuido o desidia que generan una demanda innecesaria de 120 mega watts por día. Exactamente lo que todo lo que produce la central hidroeléctrica de Arroyito (Neuquén), aguas abajo del Chocón.

Pero eso no es nada. Gho asegura que como casi la mitad de la energía producida en el país es hidroeléctrica (el resto utiliza recursos no renovables), si ahorráramos luz podrían dejar de operar algunas de las centrales a petróleo o gas. Entonces, se podrían utilizar esos hidrocarburos en la producción de plásticos antes de que se agote del todo el petróleo. De paso, bajaríamos considerablemente las emisiones de dióxido de carbono, responsables del calentamiento global.

En números redondos, según Gho, un buen ahorro eléctrico sería dejar de usar 150 mil toneladas de petróleo por año, suficientes como para que un millón y medio de autos pudieran viajar gratis de Buenos Aires a Bariloche.

Bueno, voy a apagar la luz del baño a ver si sumo puntos para merecer ese viajecito al sur.
Fuente: Arq Clarin

Link: http://arq.clarin.com/urbano/Maldita-electricidad_0_1066693396.html

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domingo, 9 de febrero de 2014

Maldita electricidad

Aunque Buenos Aires es pionera en materia de energía eléctrica, su manejo del recurso nunca tuvo buena fama.


La noche, iluminada en Puerto Madero. El problema no reside tanto en el uso de la electricidad sino en lo mal que se la utiliza (Roberto Ruiz).
Nunca tuvimos demasiada confianza en la electricidad. Al principio, hace exactamente 160 años, cuando se hicieron los primeros ensayos de alumbrado en Buenos Aires, la gente quedó maravillada con las luces eléctricas como los indios cuándo vieron los espejitos de colores. Pero 30 años después, todavía desconfiaban de la nueva tecnología, al punto que La Plata tuvo alumbrado público eléctrico antes que Buenos Aires. El asunto es que por hache o por be, esto sigue igual: nadie confía en el suministro eléctrico.

Con la electricidad hemos desarrollado una suerte de pésimo matrimonio. La necesitamos para todo, pero la ignoramos y no la cuidamos cuándo la tenemos. Para pasar a odiarla cuando deja de atendernos.

Si viera la precaria situación actual, el dentista Juan Echepareborda estaría más apagado que lamparita en baño de bar. Nuestro pionero eléctrico realizó el primer ensayo de iluminación pública a mediados de 1854, en plena Plaza de Mayo. La gente quedó deslumbrada, pero la idea no prendió. Las autoridades desconfiaban de la nueva tecnología porque no daba garantías. Las instalaciones eléctricas no cumplían con ninguna medida de seguridad y, ante cualquier accidente, lo primero que hacían las empresas era echarle la culpa a los operarios o a las víctimas (algo que parece, es común en todas las épocas).

El experimento del vasco Echepareborda fue brillante, apenas diez años antes se había realizado el primer ensayo de alumbrado público en París. Desde entonces hasta hoy, el problema no es la luz en la calle sino la electricidad en las casas. Y peor sería si los autos, el transporte público, la calefacción y las hornallas y los hornos dependieran de la corriente, como aseguran los futurólogos sucederá en pocas décadas.

El asunto es que la maldita electricidad nos falla en los peores momentos, cuando el calor nos está matando, la noche en queremos ver esa peli tan esperada o cuando llenamos el freezer para la gran festichola. Y habrá que acostumbrarse (o tomar los recaudos). Si no podemos producir más corriente eléctrica, habrá que cuidarla.

En casa, por caso, la luz del baño grande queda siempre encendida. Vos dirás ¿Qué le hace una lamparita más o menos? Bueno, para el especialista Carlos Gho, de la Comisión Nacional de Energía Atómica, una lamparita prendida inútilmente en cada hogar de la Argentina puede producir mucho daño a todo el sistema eléctrico. Groseramente, si 9 millones de hogares argentinos dejan una lámpara de 100 watts encendida una hora, estaríamos gastando la energía que consume la ciudad de Bariloche en tres días ¡Jah!

Gho calcula que además de la luz de mi baño, hay miles de personas que dejan la luz encendida durante el día, televisores prendidos que nadie mira, aires acondicionados al máximo o funcionando con las ventanas abiertas, varios ascensores llamados al mismo tiempo y otros casos de descuido o desidia que generan una demanda innecesaria de 120 mega watts por día. Exactamente lo que todo lo que produce la central hidroeléctrica de Arroyito (Neuquén), aguas abajo del Chocón.

Pero eso no es nada. Gho asegura que como casi la mitad de la energía producida en el país es hidroeléctrica (el resto utiliza recursos no renovables), si ahorráramos luz podrían dejar de operar algunas de las centrales a petróleo o gas. Entonces, se podrían utilizar esos hidrocarburos en la producción de plásticos antes de que se agote del todo el petróleo. De paso, bajaríamos considerablemente las emisiones de dióxido de carbono, responsables del calentamiento global.

En números redondos, según Gho, un buen ahorro eléctrico sería dejar de usar 150 mil toneladas de petróleo por año, suficientes como para que un millón y medio de autos pudieran viajar gratis de Buenos Aires a Bariloche.

Bueno, voy a apagar la luz del baño a ver si sumo puntos para merecer ese viajecito al sur.
Fuente: Arq Clarin

Link: http://arq.clarin.com/urbano/Maldita-electricidad_0_1066693396.html

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