La tendencia creciente hacia la segregación residencial evidencia el fuerte proceso de fragmentación social y urbana por el que atraviesa la ciudad. ¿Es una situación espontánea o está impulsada por políticas activas?
Hasta los años ´80 el desarrollo urbano tendía a concentrar a la población de mayores ingresos en las áreas consolidadas y ofrecía gradientes de decrecimiento social y físico hacia la periferia. Así, los sectores medios aseguraban cierta distancia entre ricos y pobres, con espacios públicos de calidad en el centro y espacios deteriorados en los bordes.
La pobreza informal se recluía en aglomeraciones de áreas periféricas. Sin embargo, en la actualidad, muchos de los nuevos desarrollos residenciales de prestigio han abandonado sus barrios tradicionales de concentración para alojarse en zonas de periferia –sitio de residencia tradicional de los sectores pobres–, acortando las distancias entre sí en la disputa por el territorio.
Para la autora, el proyecto debería hacerse en otros barrios de la ciudad donde la marca colonial no sea tan fuerte como en el área más antigua de Buenos Aires.

La conservación del patrimonio urbano no consiste en que un pedazo de ciudad “parezca” un centro histórico sino en que “sea un centro histórico”; no consiste en que sea bonito sino en que posea contenidos, no consiste en que tenga un relato o una evocación sino en que ese relato y esa evocación sean los de ese lugar y no los relatos o la evocación de otro sitio. Parece sencillo pero no siempre sucede.
De tanto en tanto aparece la noticia de que alguna calle de San Telmo u otro lugar histórico o el entorno de un monumento histórico, va a ser enrasado a la europea para generar una peatonal que seguramente tendrá postecitos y bolardos. Sucede que el Casco Histórico porteño y casi todos los cascos fundacionales de las ciudades de América Latina, no son las ciudades europeas ni las de Medio Oriente ni las del Norte africano, en las cuales las calles perdieron el uso de la diferenciación greco-latina de calzada y vereda al caer el Imperio Romano de Occidente e ingresar a la Edad Media.
“Ya nunca me verás cómo me vieras”, dice el poeta Homero Manzi y no hay nada más cierto que el hecho de que las ciudades nunca se volverán a ver como se vieron, pero también es cierto que los cambios arquitectónicos pueden guardar los rastros de otros tiempos e interpretar el pasado en vez de borrarlo. Toda arquitectura tiene un relato, incluso aquella que pretende no tenerlo. Existen importantes documentos internacionales aprobados por ICOMOS y UNESCO acerca de la identidad, como la Carta de Nara o de Burra que pueden consultarse.
La vuelta de San Lorenzo a Boedo disparó la discusión sobre el lugar de las canchas.

Antes que nada le advierto que yo soy cuervo pero también arquitecto. Eso para que no piense que le estoy hablando sólo con el corazón. “Lo que te quiero explicar –le digo con aire académico– es que existen peores lugares que el de avenida La Plata al 1700 para poner un estadio”. “Sí, peores debe haber –contragolpea ella–, pero que me hagan un estadio a la vuelta de casa no me causa ninguna gracia”. Marita es cuerva y vecina de Boedo, pero está muy preocupada por el proyecto de Restitución Histórica que intenta devolverle los terrenos del Viejo Gasómetro a San Lorenzo. Asegura que la mudanza del estadio del Bajo Flores a Boedo le va a cambiar la vida, pero para mal.
Casi sin oírla sigo con mi prédica racional: “Si te ponés a pensar un poco, hasta te diría que la ubicación del Viejo Gasómetro está buena”. Pero Marita no se convence, ella tiene sus propios argumentos. “Vos no entendés o no querés entender –salta–. Una cosa era el estadio viejo y otra uno nuevo. El fútbol de antes era una cosa y el de ahora otra. Cambiaron la gente, los hinchas y el barrio”. Ahí nomás pasa a enumerar los líos de Núñez cada vez que juega River o hay un recital. Habla de los embotellamientos y del abarrotamiento de autos mal estacionados. “Justamente –retruco a un toque–, Boedo tiene una excelente accesibilidad con muchas líneas de colectivos y dos de subte. Hay que dejar de pensar que los estadios deben ser para ir en auto, hay que volver al transporte público”. Marita no se queda muda ni un segundo, pero mientras vuelve a la carga empiezo a pensar en los peores lugares para hacer un estadio, como la Bombonera, que, sin embargo, es un símbolo fundamental del barrio y nadie quiere que lo demuelan para hacer un estadio más grande.
La iniciativa propone una mayor participación del Estado en la regulación del mercado. Dispone triplicar los impuestos de los inmuebles que estén desocupados durante más de un año, crea un registro de inmuebles y contratos y un fondo para financiar garantías y subsidios al que alquila por primera vez.
Un proyecto presentado en los últimos días en la Legislatura porteña pone en el centro del debate el tema de los alquileres en la Ciudad de Buenos Aires, un tema que afecta a unos 350 mil hogares porteños. La iniciativa pretende regular un mercado que se ha ido distorsionando de la mano de especulación inmobiliaria, en perjuicio de los inquilinos. La propuesta, si es aprobada, fijará el valor de los alquileres en no más de 0,7 por ciento del Valor Inmobiliario de Referencia (VIR), un coeficiente que utiliza la administración porteña para calcular la tasa de ABL; triplica la carga impositiva sobre los inmuebles que estén desocupados durante más de un año, con el fin de promover la oferta y con el dinero obtenido propone crear un fondo que será destinado a otorgar garantías en respaldo de las obligaciones de los inquilinos y a subsidiar hasta el 50 por ciento del contrato de las familias que nunca hayan alquilado un inmueble para vivienda.
El proyecto fue presentado por el diputado Aníbal Ibarra y cuenta con el respaldo de sus dos compañeras de bloque, Susana Rinaldi y María Elena Naddeo. En su articulado propone que los contratos de alquiler con destino a vivienda se realicen con un plazo mínimo de tres años; crea un Registro de Contratos y un Régimen de Protección al Inquilino y un Registro de Inmuebles, que funcionarán en el ámbito del Instituto de Vivienda de la Ciudad (IVC); dispone que las comisiones de las inmobiliarias no podrán superar el monto de un mes de alquiler, a ser pagado en partes iguales por propietario e inquilino, y crea dentro de la Defensoría del Pueblo un área para la protección y defensa de los intereses y derechos de los locatarios de inmuebles con destino a vivienda.
La tendencia creciente hacia la segregación residencial evidencia el fuerte proceso de fragmentación social y urbana por el que atraviesa la ciudad. ¿Es una situación espontánea o está impulsada por políticas activas?
Hasta los años ´80 el desarrollo urbano tendía a concentrar a la población de mayores ingresos en las áreas consolidadas y ofrecía gradientes de decrecimiento social y físico hacia la periferia. Así, los sectores medios aseguraban cierta distancia entre ricos y pobres, con espacios públicos de calidad en el centro y espacios deteriorados en los bordes.
La pobreza informal se recluía en aglomeraciones de áreas periféricas. Sin embargo, en la actualidad, muchos de los nuevos desarrollos residenciales de prestigio han abandonado sus barrios tradicionales de concentración para alojarse en zonas de periferia –sitio de residencia tradicional de los sectores pobres–, acortando las distancias entre sí en la disputa por el territorio.
Para la autora, el proyecto debería hacerse en otros barrios de la ciudad donde la marca colonial no sea tan fuerte como en el área más antigua de Buenos Aires.

La conservación del patrimonio urbano no consiste en que un pedazo de ciudad “parezca” un centro histórico sino en que “sea un centro histórico”; no consiste en que sea bonito sino en que posea contenidos, no consiste en que tenga un relato o una evocación sino en que ese relato y esa evocación sean los de ese lugar y no los relatos o la evocación de otro sitio. Parece sencillo pero no siempre sucede.
De tanto en tanto aparece la noticia de que alguna calle de San Telmo u otro lugar histórico o el entorno de un monumento histórico, va a ser enrasado a la europea para generar una peatonal que seguramente tendrá postecitos y bolardos. Sucede que el Casco Histórico porteño y casi todos los cascos fundacionales de las ciudades de América Latina, no son las ciudades europeas ni las de Medio Oriente ni las del Norte africano, en las cuales las calles perdieron el uso de la diferenciación greco-latina de calzada y vereda al caer el Imperio Romano de Occidente e ingresar a la Edad Media.
“Ya nunca me verás cómo me vieras”, dice el poeta Homero Manzi y no hay nada más cierto que el hecho de que las ciudades nunca se volverán a ver como se vieron, pero también es cierto que los cambios arquitectónicos pueden guardar los rastros de otros tiempos e interpretar el pasado en vez de borrarlo. Toda arquitectura tiene un relato, incluso aquella que pretende no tenerlo. Existen importantes documentos internacionales aprobados por ICOMOS y UNESCO acerca de la identidad, como la Carta de Nara o de Burra que pueden consultarse.
La vuelta de San Lorenzo a Boedo disparó la discusión sobre el lugar de las canchas.

Antes que nada le advierto que yo soy cuervo pero también arquitecto. Eso para que no piense que le estoy hablando sólo con el corazón. “Lo que te quiero explicar –le digo con aire académico– es que existen peores lugares que el de avenida La Plata al 1700 para poner un estadio”. “Sí, peores debe haber –contragolpea ella–, pero que me hagan un estadio a la vuelta de casa no me causa ninguna gracia”. Marita es cuerva y vecina de Boedo, pero está muy preocupada por el proyecto de Restitución Histórica que intenta devolverle los terrenos del Viejo Gasómetro a San Lorenzo. Asegura que la mudanza del estadio del Bajo Flores a Boedo le va a cambiar la vida, pero para mal.
Casi sin oírla sigo con mi prédica racional: “Si te ponés a pensar un poco, hasta te diría que la ubicación del Viejo Gasómetro está buena”. Pero Marita no se convence, ella tiene sus propios argumentos. “Vos no entendés o no querés entender –salta–. Una cosa era el estadio viejo y otra uno nuevo. El fútbol de antes era una cosa y el de ahora otra. Cambiaron la gente, los hinchas y el barrio”. Ahí nomás pasa a enumerar los líos de Núñez cada vez que juega River o hay un recital. Habla de los embotellamientos y del abarrotamiento de autos mal estacionados. “Justamente –retruco a un toque–, Boedo tiene una excelente accesibilidad con muchas líneas de colectivos y dos de subte. Hay que dejar de pensar que los estadios deben ser para ir en auto, hay que volver al transporte público”. Marita no se queda muda ni un segundo, pero mientras vuelve a la carga empiezo a pensar en los peores lugares para hacer un estadio, como la Bombonera, que, sin embargo, es un símbolo fundamental del barrio y nadie quiere que lo demuelan para hacer un estadio más grande.
La iniciativa propone una mayor participación del Estado en la regulación del mercado. Dispone triplicar los impuestos de los inmuebles que estén desocupados durante más de un año, crea un registro de inmuebles y contratos y un fondo para financiar garantías y subsidios al que alquila por primera vez.
Un proyecto presentado en los últimos días en la Legislatura porteña pone en el centro del debate el tema de los alquileres en la Ciudad de Buenos Aires, un tema que afecta a unos 350 mil hogares porteños. La iniciativa pretende regular un mercado que se ha ido distorsionando de la mano de especulación inmobiliaria, en perjuicio de los inquilinos. La propuesta, si es aprobada, fijará el valor de los alquileres en no más de 0,7 por ciento del Valor Inmobiliario de Referencia (VIR), un coeficiente que utiliza la administración porteña para calcular la tasa de ABL; triplica la carga impositiva sobre los inmuebles que estén desocupados durante más de un año, con el fin de promover la oferta y con el dinero obtenido propone crear un fondo que será destinado a otorgar garantías en respaldo de las obligaciones de los inquilinos y a subsidiar hasta el 50 por ciento del contrato de las familias que nunca hayan alquilado un inmueble para vivienda.
El proyecto fue presentado por el diputado Aníbal Ibarra y cuenta con el respaldo de sus dos compañeras de bloque, Susana Rinaldi y María Elena Naddeo. En su articulado propone que los contratos de alquiler con destino a vivienda se realicen con un plazo mínimo de tres años; crea un Registro de Contratos y un Régimen de Protección al Inquilino y un Registro de Inmuebles, que funcionarán en el ámbito del Instituto de Vivienda de la Ciudad (IVC); dispone que las comisiones de las inmobiliarias no podrán superar el monto de un mes de alquiler, a ser pagado en partes iguales por propietario e inquilino, y crea dentro de la Defensoría del Pueblo un área para la protección y defensa de los intereses y derechos de los locatarios de inmuebles con destino a vivienda.