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domingo, 13 de enero de 2013

Resisten las esquinas sin ochavas

El triángulo de terreno libre lo decretó Rivadavia en 1821. Lo desvelaba la inseguridad.


Si no me equivoco, en Buenos Aires, hay más de 20 esquinas sin ochava que resisten la modernización rivadaviana. Aristas como la de los Altos de Elorriaga, en Alsina y Defensa, o la de Chacabuco e Hipólito Yrigoyen son símbolos de una batalla perdida contra el progreso hace casi 200 años.

El 14 de diciembre de 1821, Bernardino Rivadavia decretó que las construcciones porteñas debían ceder un triángulo de su terreno para mejorar la visibilidad en los cruces de calles. Es decir, tuvieron que construir una ochava que los españoles llamaban chaflán y que para entonces era una moda bien europea. Y, como sabemos, el modelo europeo estuvo en la cabeza de muchos de nuestros próceres de la Independencia.

miércoles, 9 de enero de 2013

Protegen 70 manzanas que rodean el Casco Histórico

Es en partes de San Telmo, Monserrat y Constitución en las que hasta ahora se podían hacer torres y alterar el paisaje tradicional de esos barrios. La ley busca un desarrollo inmobiliario coherente.


La zona fundacional de Buenos Aires, su corazón, conserva algunas de las primeras construcciones de la Ciudad y tiene un nombre que la define: Casco Histórico. Ese nombre alumbra las primeras peripecias de los porteños. Y también anida bellísimos edificios o casonas, como las que datan de 1830 y que cuentan con leyes que las protegen . Ahora, la Legislatura porteña acaba de aprobar una ley para que el área patrimonial abarque nuevas partes de San Telmo, Monserrat y Constitución. Con una idea doble: por un lado, preservar la zona histórica, y por otro, generar y potenciar oportunidades de desarrollo que sirvan para mantener vivas esas manzanas y para evitar que el tiempo la deje sólo como un patrimonio estático, o una ciudad museo.

jueves, 29 de noviembre de 2012

Casco Histórico: no a las peatonales enrasadas

Para la autora, el proyecto debería hacerse en otros barrios de la ciudad donde la marca colonial no sea tan fuerte como en el área más antigua de Buenos Aires.


La conservación del patrimonio urbano no consiste en que un pedazo de ciudad “parezca” un centro histórico sino en que “sea un centro histórico”; no consiste en que sea bonito sino en que posea contenidos, no consiste en que tenga un relato o una evocación sino en que ese relato y esa evocación sean los de ese lugar y no los relatos o la evocación de otro sitio. Parece sencillo pero no siempre sucede.

De tanto en tanto aparece la noticia de que alguna calle de San Telmo u otro lugar histórico o el entorno de un monumento histórico, va a ser enrasado a la europea para generar una peatonal que seguramente tendrá postecitos y bolardos. Sucede que el Casco Histórico porteño y casi todos los cascos fundacionales de las ciudades de América Latina, no son las ciudades europeas ni las de Medio Oriente ni las del Norte africano, en las cuales las calles perdieron el uso de la diferenciación greco-latina de calzada y vereda al caer el Imperio Romano de Occidente e ingresar a la Edad Media.

“Ya nunca me verás cómo me vieras”, dice el poeta Homero Manzi y no hay nada más cierto que el hecho de que las ciudades nunca se volverán a ver como se vieron, pero también es cierto que los cambios arquitectónicos pueden guardar los rastros de otros tiempos e interpretar el pasado en vez de borrarlo. Toda arquitectura tiene un relato, incluso aquella que pretende no tenerlo. Existen importantes documentos internacionales aprobados por ICOMOS y UNESCO acerca de la identidad, como la Carta de Nara o de Burra que pueden consultarse.

lunes, 26 de noviembre de 2012

De las logias al Dante, los misterios ocultos en un palacio de Buenos Aires

En el documental “El rascacielos latino”, el director Sebastián Schindel investiga la conexión del Palacio Barolo con “La Divina Comedia” de Dante Alighieri y se cruza con todo tipo de intrigas en la Buenos Aires del Centenario, incluso un plan secreto para enterrar allí las cenizas del Dante. Se estrena el miércoles 21 en las nuevas salas del CC San Martín.


El arquitecto Carlos Hilger, que estudió los símbolos secretos del Palacio Barolo, asegura que la distribución del edificio está basada en la métrica de La Divina Comedia. En el pasaje central, el palacio cuenta con 9 bóvedas de acceso que representan el infierno –siempre según Hilger–, y los pisos superiores y la cúpula los siete niveles del purgatorio. Sobre el faro está la constelación de la Cruz del Sur, que se ve alineada con el eje del Palacio Barolo en los primeros días de junio. La altura del edificio es de 100 metros y 100 son los cantos de la obra de Dante; tiene 22 pisos, tantos como estrofas los versos de La Divina Comedia.

¿Pero cuánto hay de cierto en la relación entre el Palacio Barolo y la máxima obra de Dante Alighieri? Sebastián Schindel, un amante de la arquitectura y de la literatura clásica, decidió indagar sobre las enigmáticas figuras del empresario Luis Barolo y el arquitecto Mario Palanti, dos inmigrantes italianos que idearon el Palacio en 1918, se inauguró en 1923 y se convirtió en el edificio más alto de Buenos Aires.
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domingo, 13 de enero de 2013

Resisten las esquinas sin ochavas

El triángulo de terreno libre lo decretó Rivadavia en 1821. Lo desvelaba la inseguridad.


Si no me equivoco, en Buenos Aires, hay más de 20 esquinas sin ochava que resisten la modernización rivadaviana. Aristas como la de los Altos de Elorriaga, en Alsina y Defensa, o la de Chacabuco e Hipólito Yrigoyen son símbolos de una batalla perdida contra el progreso hace casi 200 años.

El 14 de diciembre de 1821, Bernardino Rivadavia decretó que las construcciones porteñas debían ceder un triángulo de su terreno para mejorar la visibilidad en los cruces de calles. Es decir, tuvieron que construir una ochava que los españoles llamaban chaflán y que para entonces era una moda bien europea. Y, como sabemos, el modelo europeo estuvo en la cabeza de muchos de nuestros próceres de la Independencia.

miércoles, 9 de enero de 2013

Protegen 70 manzanas que rodean el Casco Histórico

Es en partes de San Telmo, Monserrat y Constitución en las que hasta ahora se podían hacer torres y alterar el paisaje tradicional de esos barrios. La ley busca un desarrollo inmobiliario coherente.


La zona fundacional de Buenos Aires, su corazón, conserva algunas de las primeras construcciones de la Ciudad y tiene un nombre que la define: Casco Histórico. Ese nombre alumbra las primeras peripecias de los porteños. Y también anida bellísimos edificios o casonas, como las que datan de 1830 y que cuentan con leyes que las protegen . Ahora, la Legislatura porteña acaba de aprobar una ley para que el área patrimonial abarque nuevas partes de San Telmo, Monserrat y Constitución. Con una idea doble: por un lado, preservar la zona histórica, y por otro, generar y potenciar oportunidades de desarrollo que sirvan para mantener vivas esas manzanas y para evitar que el tiempo la deje sólo como un patrimonio estático, o una ciudad museo.

jueves, 29 de noviembre de 2012

Casco Histórico: no a las peatonales enrasadas

Para la autora, el proyecto debería hacerse en otros barrios de la ciudad donde la marca colonial no sea tan fuerte como en el área más antigua de Buenos Aires.


La conservación del patrimonio urbano no consiste en que un pedazo de ciudad “parezca” un centro histórico sino en que “sea un centro histórico”; no consiste en que sea bonito sino en que posea contenidos, no consiste en que tenga un relato o una evocación sino en que ese relato y esa evocación sean los de ese lugar y no los relatos o la evocación de otro sitio. Parece sencillo pero no siempre sucede.

De tanto en tanto aparece la noticia de que alguna calle de San Telmo u otro lugar histórico o el entorno de un monumento histórico, va a ser enrasado a la europea para generar una peatonal que seguramente tendrá postecitos y bolardos. Sucede que el Casco Histórico porteño y casi todos los cascos fundacionales de las ciudades de América Latina, no son las ciudades europeas ni las de Medio Oriente ni las del Norte africano, en las cuales las calles perdieron el uso de la diferenciación greco-latina de calzada y vereda al caer el Imperio Romano de Occidente e ingresar a la Edad Media.

“Ya nunca me verás cómo me vieras”, dice el poeta Homero Manzi y no hay nada más cierto que el hecho de que las ciudades nunca se volverán a ver como se vieron, pero también es cierto que los cambios arquitectónicos pueden guardar los rastros de otros tiempos e interpretar el pasado en vez de borrarlo. Toda arquitectura tiene un relato, incluso aquella que pretende no tenerlo. Existen importantes documentos internacionales aprobados por ICOMOS y UNESCO acerca de la identidad, como la Carta de Nara o de Burra que pueden consultarse.

lunes, 26 de noviembre de 2012

De las logias al Dante, los misterios ocultos en un palacio de Buenos Aires

En el documental “El rascacielos latino”, el director Sebastián Schindel investiga la conexión del Palacio Barolo con “La Divina Comedia” de Dante Alighieri y se cruza con todo tipo de intrigas en la Buenos Aires del Centenario, incluso un plan secreto para enterrar allí las cenizas del Dante. Se estrena el miércoles 21 en las nuevas salas del CC San Martín.


El arquitecto Carlos Hilger, que estudió los símbolos secretos del Palacio Barolo, asegura que la distribución del edificio está basada en la métrica de La Divina Comedia. En el pasaje central, el palacio cuenta con 9 bóvedas de acceso que representan el infierno –siempre según Hilger–, y los pisos superiores y la cúpula los siete niveles del purgatorio. Sobre el faro está la constelación de la Cruz del Sur, que se ve alineada con el eje del Palacio Barolo en los primeros días de junio. La altura del edificio es de 100 metros y 100 son los cantos de la obra de Dante; tiene 22 pisos, tantos como estrofas los versos de La Divina Comedia.

¿Pero cuánto hay de cierto en la relación entre el Palacio Barolo y la máxima obra de Dante Alighieri? Sebastián Schindel, un amante de la arquitectura y de la literatura clásica, decidió indagar sobre las enigmáticas figuras del empresario Luis Barolo y el arquitecto Mario Palanti, dos inmigrantes italianos que idearon el Palacio en 1918, se inauguró en 1923 y se convirtió en el edificio más alto de Buenos Aires.