Las autopistas urbanas no nos preocupan demasiado porque nos acostumbramos a “no verlas”, como “no vemos” la lamparita colgada en nuestro dormitorio después de dos años de la mudanza. La autopista es igual, ya nadie ve el espantoso desgarramiento urbano que produjeron. Y sin embargo, ahí está, surcando el sur de la ciudad de lado a lado y molestando a un montón de gente que convive con el ruido, la suciedad y el abandono que producen a su paso.