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miércoles, 20 de febrero de 2013

Historia de la estación Once, la terminal clonada

El edificio ubicado al frente de la Plaza Miserere surgió de la unión de dos construcciones idénticas.


La arquitectura de las estaciones terminales de trenes de Buenos Aires es verdaderamente deslumbrante. Por lo general tienen unos imponentes frentes palaciegos con sus grandes accesos, e inmensos halles donde están las boleterías, las esperas y toda una suerte de servicios complementarios. Y por detrás, casi escondidas, unas fantásticas y descomunales estructuras de hierro a donde llegan los trenes.

Las tres terminales me traen recuerdos de mi adolescencia. La de Constitución me transporta a las ansiadas vacaciones en Mar del Plata o a los interminables viajes al Sur cuando me iba de campamento; la de Retiro, me remonta a alguna escapada en “hora libre” a la casa de algún compañero del cole que vivía en zona Norte; la del Once, está asociada en mi memoria con esa primera salida a la matiné en una discoteca de Ramos Mejía. Y cada tanto me viene lo que nos contó la López de Carril (así llamábamos a la profe de Castellano de primer año): a las estaciones mucha gente del interior va a pasear, en busca de un cable con sus lugares de procedencia.
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miércoles, 20 de febrero de 2013

Historia de la estación Once, la terminal clonada

El edificio ubicado al frente de la Plaza Miserere surgió de la unión de dos construcciones idénticas.


La arquitectura de las estaciones terminales de trenes de Buenos Aires es verdaderamente deslumbrante. Por lo general tienen unos imponentes frentes palaciegos con sus grandes accesos, e inmensos halles donde están las boleterías, las esperas y toda una suerte de servicios complementarios. Y por detrás, casi escondidas, unas fantásticas y descomunales estructuras de hierro a donde llegan los trenes.

Las tres terminales me traen recuerdos de mi adolescencia. La de Constitución me transporta a las ansiadas vacaciones en Mar del Plata o a los interminables viajes al Sur cuando me iba de campamento; la de Retiro, me remonta a alguna escapada en “hora libre” a la casa de algún compañero del cole que vivía en zona Norte; la del Once, está asociada en mi memoria con esa primera salida a la matiné en una discoteca de Ramos Mejía. Y cada tanto me viene lo que nos contó la López de Carril (así llamábamos a la profe de Castellano de primer año): a las estaciones mucha gente del interior va a pasear, en busca de un cable con sus lugares de procedencia.