domingo, 9 de junio de 2013

“Los porteños miramos baldosas y no cúpulas”

Dice que es un defecto, ya que “arriba” hay cientos de tesoros. Recorre 20 barrios por día y guía visitas al cementerio de Recoleta.


Azopardo y Juan de Garay: Suecia. Arroyo y Avenida Alvear: Francia. Malabia y Cabello: Inglaterra. La Boca: Génova. El que invita a viajar sin salir de la Ciudad es Eduardo Lazzari, el historiador de Buenos Aires. “Un edificio que define a Buenos Aires perfectamente es la Catedral: un templo griego, que a través de puertas hechas en las misiones paraguayas te lleva a un vestíbulo francés, que da acceso a una gran iglesia española pintada a la italiana, con pisos ingleses, altares traídos de las misiones portuguesas y algunos construidos acá, donde ocasionalmente los argentinos rezan”, describe.

Se define como “orgullosamente porteño”, dice que tenemos “la ciudad más espectacular del mundo” y cuenta que empezó a descubrirla de la mano de su abuelo materno, José. “Siempre tuve amor por los ferrocarriles y él me llevaba a verlos. Ese gusto me fue haciendo observador de la Ciudad como lectura de lo que somos”, sigue. El cimbronazo con la historia le corresponde al profesor Colina, entonces docente de Instrucción Cívica y actual rector del Instituto San Román. “Disparó una discusión diciendo: ‘Seguramente que ese petiso, gordo y pelado de Sarmiento es un prócer’. Era un tipo al que yo quería desde una perspectiva no muy racional y que para mí se ha convertido en la figura central de la Argentina. A partir de ese debate la historia se convirtió en pasión y he ido descubriendo la Ciudad como historia hecha piedra: es lo que pasó, construido”, avanza.

El ejercicio diario es aprender a leerla. “Cada semana visito al menos 20 barrios. Me fascinan los descubrimientos que uno hace estando atento. Hace diez años comencé con las visitas guiadas al cementerio de la Recoleta, llevo hechas unas 1.300 y no hay un día en el que no traiga un dato nuevo. Es una ciudad infinita y uno puede descubrir el listado de los muertos en la batalla de Tucumán en Plaza de Mayo o que las antorchas del hall central de la Estación Retiro son un símbolo masónico. En Congreso hay una terraza que tiene una copia del portón de acceso al Parc Güell de Barcelona (Gaudí) y cuatro esculturas de guerreros asirios o egipcios. Mirás para arriba y los encontrás. Un defecto que tenemos los porteños es que miramos baldosas y no cúpulas”, señala.

Dice que hay pocas ciudades que, como Buenos Aires, pueden mostrar cien ciudades en una y, al mismo tiempo, cada rincón sea tan porteño. ¿La clave? “Caminarla y disfrutarla”, simplifica. “Cuando vino Georges Clemenceau, creo que todavía no era presidente de Francia, dijo que Buenos Aires era la capital de un imperio que nunca existió. Porque las construcciones también hablan de la expectativa: para el Centenario se propuso hacer el palacio del Congreso, el Correo, Tribunales, el Teatro Colón. En los últimos años no hubo grandes construcciones”, compara.

Un contraste interesante aparece con edificios como el Palacio de los Patos (Ugarteche al 3000), el Kavanagh (Plaza San Martín) o el Estrugamou (Esmeralda y Arroyo). “Muestra algo que ya no queda y es el contacto entre las clases sociales. Son construcciones de la década del ‘20 y del ‘30, contemporáneas a pesar de que sus estilos arquitectónicos tienen cien años de diferencia, y están en el medio de la Ciudad”, señala.

Recorre la réplica del plano de La Plata en el centro de Villa Devoto, las calles con nombre de ciudad que te llevan a perderte en Parque Chas, las iglesias y sus historias, los rincones de la Barracas de 1900 o el mismo Palacio Barolo, donde tiene su oficina, pensado a partir de Dante Alighieri y La Divina Comedia. “Un problema que tenemos es que son pocos los funcionarios o legisladores que conocen la Ciudad”, reflexiona.

-Y los ciudadanos tampoco ...

-Vemos, pero no miramos. Siempre digo que el pez nunca ve el agua, y pasa eso. Me gustan las búsquedas de los tesoros porteños, por ejemplo: ¿cuántos edificios tienen cóndores? La embajada Austrohúngara, los monumentos a Sarmiento, el de los Españoles o el de los Dos Congresos, también en la esquina de Sarmiento y Diagonal Norte, y podemos seguir hasta contar al menos 15. No ayuda la abundancia, con todo lo que hay.

Fuente: Clarin

Link: http://www.clarin.com/ciudades/portenos-miramos-baldosas-cupulas_0_932906818.html

No hay comentarios:

Publicar un comentario

domingo, 9 de junio de 2013

“Los porteños miramos baldosas y no cúpulas”

Dice que es un defecto, ya que “arriba” hay cientos de tesoros. Recorre 20 barrios por día y guía visitas al cementerio de Recoleta.


Azopardo y Juan de Garay: Suecia. Arroyo y Avenida Alvear: Francia. Malabia y Cabello: Inglaterra. La Boca: Génova. El que invita a viajar sin salir de la Ciudad es Eduardo Lazzari, el historiador de Buenos Aires. “Un edificio que define a Buenos Aires perfectamente es la Catedral: un templo griego, que a través de puertas hechas en las misiones paraguayas te lleva a un vestíbulo francés, que da acceso a una gran iglesia española pintada a la italiana, con pisos ingleses, altares traídos de las misiones portuguesas y algunos construidos acá, donde ocasionalmente los argentinos rezan”, describe.

Se define como “orgullosamente porteño”, dice que tenemos “la ciudad más espectacular del mundo” y cuenta que empezó a descubrirla de la mano de su abuelo materno, José. “Siempre tuve amor por los ferrocarriles y él me llevaba a verlos. Ese gusto me fue haciendo observador de la Ciudad como lectura de lo que somos”, sigue. El cimbronazo con la historia le corresponde al profesor Colina, entonces docente de Instrucción Cívica y actual rector del Instituto San Román. “Disparó una discusión diciendo: ‘Seguramente que ese petiso, gordo y pelado de Sarmiento es un prócer’. Era un tipo al que yo quería desde una perspectiva no muy racional y que para mí se ha convertido en la figura central de la Argentina. A partir de ese debate la historia se convirtió en pasión y he ido descubriendo la Ciudad como historia hecha piedra: es lo que pasó, construido”, avanza.

El ejercicio diario es aprender a leerla. “Cada semana visito al menos 20 barrios. Me fascinan los descubrimientos que uno hace estando atento. Hace diez años comencé con las visitas guiadas al cementerio de la Recoleta, llevo hechas unas 1.300 y no hay un día en el que no traiga un dato nuevo. Es una ciudad infinita y uno puede descubrir el listado de los muertos en la batalla de Tucumán en Plaza de Mayo o que las antorchas del hall central de la Estación Retiro son un símbolo masónico. En Congreso hay una terraza que tiene una copia del portón de acceso al Parc Güell de Barcelona (Gaudí) y cuatro esculturas de guerreros asirios o egipcios. Mirás para arriba y los encontrás. Un defecto que tenemos los porteños es que miramos baldosas y no cúpulas”, señala.

Dice que hay pocas ciudades que, como Buenos Aires, pueden mostrar cien ciudades en una y, al mismo tiempo, cada rincón sea tan porteño. ¿La clave? “Caminarla y disfrutarla”, simplifica. “Cuando vino Georges Clemenceau, creo que todavía no era presidente de Francia, dijo que Buenos Aires era la capital de un imperio que nunca existió. Porque las construcciones también hablan de la expectativa: para el Centenario se propuso hacer el palacio del Congreso, el Correo, Tribunales, el Teatro Colón. En los últimos años no hubo grandes construcciones”, compara.

Un contraste interesante aparece con edificios como el Palacio de los Patos (Ugarteche al 3000), el Kavanagh (Plaza San Martín) o el Estrugamou (Esmeralda y Arroyo). “Muestra algo que ya no queda y es el contacto entre las clases sociales. Son construcciones de la década del ‘20 y del ‘30, contemporáneas a pesar de que sus estilos arquitectónicos tienen cien años de diferencia, y están en el medio de la Ciudad”, señala.

Recorre la réplica del plano de La Plata en el centro de Villa Devoto, las calles con nombre de ciudad que te llevan a perderte en Parque Chas, las iglesias y sus historias, los rincones de la Barracas de 1900 o el mismo Palacio Barolo, donde tiene su oficina, pensado a partir de Dante Alighieri y La Divina Comedia. “Un problema que tenemos es que son pocos los funcionarios o legisladores que conocen la Ciudad”, reflexiona.

-Y los ciudadanos tampoco ...

-Vemos, pero no miramos. Siempre digo que el pez nunca ve el agua, y pasa eso. Me gustan las búsquedas de los tesoros porteños, por ejemplo: ¿cuántos edificios tienen cóndores? La embajada Austrohúngara, los monumentos a Sarmiento, el de los Españoles o el de los Dos Congresos, también en la esquina de Sarmiento y Diagonal Norte, y podemos seguir hasta contar al menos 15. No ayuda la abundancia, con todo lo que hay.

Fuente: Clarin

Link: http://www.clarin.com/ciudades/portenos-miramos-baldosas-cupulas_0_932906818.html

No hay comentarios:

Publicar un comentario